Idiomas:

Izquierda a Debate

1. Varela, proclamado presidente electo de Panamá.

2. Sobre las elecciones 2014, los planes engañosos y las tibiezas ideológicas.


Tomado de La voz del Sandidismo
Tesis del pleno de la coordinadora general del Partido del Pueblo. El sujeto partido. 08/07/2014
Tomado de La voz del Sandidismo
Dilemas Istmeños: Seguridad Nacional. 07/07/2014
Detengan la represión contra el pueblo. Río La Villa, Río Santa María... 07/07/2014
Detengan la represión contra el pueblo. ¿Espalda contra la pared? 03/07/2014
Comunicado de la SPMG a sus bases.
Dilemas nacionales: ¡Los profetas! 02/06/2014
Democracia nacional
Pronunciamiento de organizaciones de mujeres respecto a femicidio de Vanessa Rodríguez. 30/06/2014
Panamá libre y soberana.
Comunicado COMENENAL #24. 30/06/2014
Detengan la represión contra el pueblo. Actualidad (s)istmica. 16/06/2014
Comunicado de la COMENENAL a sus bases. Ingenuos y zoquetadas. 16/06/2014
Tomado de La voz del Sandidismo
Lo bueno, lo malo y lo feo. 09/06/2014
Panamá libre y soberana.
Un nuevo pacto social origina una nueva constitución. 05/06/2014
Comunicado de la SPMG a sus bases.
76 años de la otrora gloriosa Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena. 05/06/2014
El socialismo es el presente y el futuro.
Nuestros pecados técnicos. 25/05/2014
Por la construccion de un estado de democracia nacional.
Ojalá se haga realidad. 25/05/2014
Tomado de La voz del Sandidismo Resolución de la Alianza Estratégica Nacional sobre la lucha de los educadores. 18/05/2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tesis del pleno de la coordinadora general del Partido del Pueblo.

El sujeto partido.

 

Por: Orientación y Lucha. 08 de julio del 2014.

Jované PresidenteEl 31 de mayo el año en curso, el Presidium de la Coordinadora General del Partido lanzó la convocatoria para el próximo Pleno de la Coordinadora General, en cumplimiento de la norma reglamentaria de la organización, pero sobre todo ‒lo consigna el propio documento‒ “por las exigencias del desenvolvimiento de la crisis social y política de nuestro país”, las cuales tocan incuestionablemente asuntos inherentes a nuestra entidad como sujeto político de vanguardia para la transformación de la sociedad.

El hecho visible es que Panamá ha pasado por una intensa contienda política, que por encima del escenario electorero corrupto y oligárquico en el que se debatió, definía rumbos a la nación y nos pone frente a nuevos y complejos retos y desafíos. Tal cual lo manifestáramos en diversos documentos realizados durante la marcha electoral, en el contexto de la descomposición social de nuestra sociedad este proceso polarizaba posiciones políticas inicialmente desgreñadas, tendiendo a concentrarlas y simplificarlas; y esto alimentaba el alineamiento político, lo cual representaba una evolución positiva para las fuerzas progresistas y facilitaba la táctica del Partido trazada en el Pleno de agosto de 2009.

Sin entrar a evaluar en este momento el proceso y sus perspectivas, hay un resultado indiscutible: ha habido una derrota electoral de la autocracia, si bien no es una derrota política; la ultra derecha conservadora está hoy día aislada en el derrotero político nacional y el centro derechismo oportunista neoliberal se encuentra neutralizado, tratando de encontrar una ruta por donde retomar la iniciativa que le dé oxígeno. Pero también, y lo más importante, se ha ampliado la apertura política hacia el Partido; el movimiento de masas social, aunque seriamente desarticulado ha alcanzado una mayor politización, yendo en ascenso su desarrollo reivindicativo e impacto político, y la orientación infantilista y dogmática de la izquierda ha fracasado en el episodio, quedándose sin brújula.

Esto abre entonces singulares oportunidades al avance del Partido en su línea estratégica. Nos pone en todo caso en la ruta inmediata e ineludible de construir el sujeto de poder emergente y alterno, necesario para dirigir el bloque histórico hegemónico, popular y progresista, capaz de conformar sobre la crisis revolucionaria de lo viejo, el Estado de Democracia Nacional que nos lleve por la senda de la liberación nacional.  

Forjar este sujeto, sin embargo, exige alcanzar la conducción revolucionaria del movimiento democrático nacional, lo cual sigue siendo el gran escollo por resolver. Hablamos en el fondo de construir la vanguardia de este movimiento, algo imposible de ser sin los comunistas; o sea que no puede haber posibilidad de soltar este nudo de la revolución, sin el liderazgo del Partido, lo que transforma tal necesidad en un asunto prioritario de nuestra organización.

Cuando revisamos los resultados y los confrontamos con la vida partidaria, flota sin dudas en la superficie, cuánto déficit nos queda aún por cubrir para lograr ese eslabón de vanguardia que exige el momento. La realidad de nuestro accionar es que sencillamente orientamos a élites, a una cúpula muchas veces burocrática por lo demás de sólo un grupo de organizaciones, pero no conducimos a las masas. Y sin esta conducción, no hay posibilidad de transitar de la situación revolucionaria que se vive a la crisis revolucionaria que se necesita. Este es el gran problema que enfrentamos... El Partido como objeto es historia, es cuerpo, teoría y práctica; pero bien se percibe en los hechos, que como cuerpo somos sólo un hilo delgado con una gran cabeza y diminutas extremidades, que encima, no manejan la táctica ni la estrategia y menos las operan. Y luego como sujeto es autoridad política y conducción de la lucha de masas; pero al escarbar hacia dentro, lo concreto es que no estamos inmersos en la entraña misma del conflicto social del día a día, estamos marginados de la confrontación que nace de la masa indignada, de la arena donde se despliega la contradicción, fuera de la maquinaria que genera la energía transformadora, con un militante que más que propagandista y agitador en el seno del movimiento es un espectador e “interpretador” de este, bueno para “tirar líneas” desde el anfiteatro.    

Lo que nos toca analizar y resolver bajo la nueva circunstancia que se abre paso en la coyuntura, es entonces el Partido como sujeto de la dirección y gestión política de las masas, en el rumbo planteado de la crisis general revolucionaria. Los resultados del proceso electoral y toda la actividad desplegada nos demuestran que hay serias patologías en nuestros métodos, estilos y actitudes, con expresiones muy específicas en el Partido que obstaculizan su desarrollo estructural y la operación táctica, su relacionamiento con las masas en lucha, haciéndonos ineficientes en nuestro papel de vanguardia. Y esto es grave en la hora que vivimos!...

De nada sirve que haya estrategia si no se estudia y comprende; ni que haya táctica si no se ajusta a lo concreto y opera. Entendamos algo fundamental: sin la acción táctica no hay construcción de fuerza material alguna de las masas; y sin el poder de la fuerza, las ideas son pura abstracción, simple entelequia. Si queremos ser marxistas como sujeto, firmes trabajadores de la “filosofía de la praxis”, tenemos que hacer efectivo un Partido para dirigir la revolución; y dirigirla sólo es posible desde la contradicción, desde el conflicto, desde la masa social explosiva, desentrañando desde sus viseras profundas, desde sus órganos sensitivos, desde su propia dinámica, las leyes de su desarrollo y la solución justa y revolucionaria para el antagonismo vivo del sistema. Tenemos que llegar a construir entonces ese sujeto capaz de actuar desde el movimiento social y a la vez sobre éste, hasta transformarlo y ponerlo en el justo rumbo del blanco político por alcanzar; porque en la historia, la fruta no cae por simple dialéctica natural sino por la cultura en acto.

De lo que sufrimos es de importantes vicios, algunos creados por el propio devenir partidario y otros heredados de la sociedad liberal positivista en la que nos hemos hecho ciudadanos. Vamos a entender por “vicios” del Partido, la enfermedad que degrada su entidad, la desorganiza, disuelve su acción. Son hábitos o costumbres que están presentes casi como una cultura en toda la membresía y sus organismos, entorpeciendo la acción revolucionaria. Éstos debemos identificarlos en su forma y contenido, analizar sus causas, desentrañar el daño que hacen a la entidad y cómo afecta sus tareas revolucionarias, para finalmente encontrarles la solución adecuada, o sea respuestas que deben ser contundentes por la necesidad, consistentes con el problema y coherentes con el sistema-partido.

Talleres y reuniones realizadas en el Presidium del Partido y con militantes dirigentes de  organismos de base y dirección, durante y después del proceso electoral, permitieron identificar y sacar en limpio aspectos fundamentales de estas debilidades, las que deben someterse ahora a una profunda discusión en su contenido, forma y proyección dentro del Partido, con un espíritu crítico en su eje estructural vertical (hacia arriba y hacia abajo del organismo) y autocrítico en su eje horizontal, con honestidad revolucionaria y tolerancia, a fin de que el Pleno produzca las más certeras soluciones. Las lacras identificadas han sido las siguientes:

1. El empirismo.

El empirismo como doctrina del conocimiento, considera la experiencia sensorial como única fuente del conocimiento y afirma que todo el saber se fundamenta en la experiencia y mediante la misma. Su contenido entra así en franca contradicción con el carácter teórico y político del partido marxista-leninista, cuyo fundamento es la “filosofía de la praxis”. El empirismo conduce desde esta perspectiva al abordaje unilateral de la realidad; y su consecuencia más patética es la de asumir el conocimiento de todo fenómeno mediante un solo aspecto de este, que luego se generaliza como si fuera esencia de su realidad, cuando la generalidad o la Ley sólo es posible obtener mediante una articulación lógica y dialéctica de la rica diversidad que encierra el fenómeno, su forma y contenido e interacciones correspondientes.

Bajo estas premisas, la tendencia regular de nuestro militantismo partidario es hacer del “sentido común” la teoría de su acción, cuando el rasgo fundamental de este concepto es el subjetivismo, la disgregación y la incoherencia conforme a la posición social y cultural de las multitudes. De este modo, la práctica del empirismo nos niega los matices de la contradicción motora de la sociedad; y nos conduce así a la rutina, a la improvisación, a la acción individual porque no hay iluminación con una filosofía política homogénea común. Nos apaña también el estancamiento, porque sin teoría de lo concreto no logramos trascender la circunstancia para avanzar en la coyuntura. Si nuestro propósito es actuar consecuentemente como sujetos de dirección en la contradicción social, toda la actividad partidaria debe tener un fundamento teórico, una plataforma conceptual basada en la investigación e interpretación científica del objeto concreto de la acción y su naturaleza causal.  Hay que excluir la casualidad y las apariencias ruidosas del movimiento de transformación como determinantes de la Ley, eliminar la espontaneidad como norma. Lenin decía: “cuando se expulsan de las ciencias las leyes, lo que en realidad hacen es introducir de contrabando las leyes de la religión”.

2. El dogmatismo mecanicista.

El dogmatismo es la posición del que considera sus opiniones ciertas y fuera de toda duda.  Su esencia gnoseológica es la “verdad absoluta”; es decir una verdad dada y existente de por sí, una verdad que está en el ser, como hecho en sí, en la que no interviene la especie humana en su construcción ideal y a la que nada más se le puede acceder. Expresa desde este punto de vista, una confianza ingenua en la capacidad de la razón humana hacia el ser, en las facultades cognoscitivas hacia la realidad objetiva, lo que es un rasgo intrínseco a la tradición judeo-cristiana occidental. Es así una concepción diametralmente contraria al marxismo, el cual sostiene que la verdad existe, pero en la historia real, concreta, en el movimiento, o sea que se edifica como un proceso histórico, material y dialéctico; y esta edificación implica confrontaciones, continuidades, rupturas y superaciones. La verdad tendría además un sentido práctico: transformar al mundo.

El primer resultado de esta concepción es la actitud sumisa muy patente en el Partido, a lo cierto o falso; pues si hay una “verdad absoluta”, el resto será siempre una “mentira absoluta”. La perspectiva es entonces la ausencia de la reflexión crítica; se prescinde de la crítica y la autocrítica en la construcción y aplicación de la teoría, con lo cual se renuncia a la personalidad científica del Partido, despreciando además, la mayoría de las veces, el aporte de su intelectualidad revolucionaria. En este camino, en lugar de recoger las más elevadas connotaciones reflexivas de la teoría para alumbrarse frente a la compleja realidad, se reduce esta al “aroma ideológico” excitante de su filosofía, a sus expresiones convocantes, maniqueístas, que son aplicadas luego con vulgar determinismo mecánico a la realidad concreta. Todo esto tiene pésimos efectos sobre los asuntos programáticos y operacionales de la táctica y la estrategia partidaria.    

Hay pues un menosprecio por el pensamiento crítico y una subvaloración de la actividad ideológica. El dogmatismo cancela en particular la posibilidad esclarecedora y orientadora del “gran intelectual” ‒concepción de Gramsci en seguimiento a Lenin‒, porque lo declara innecesario en virtud de que las verdades absolutas y superiores están de una vez para siempre edificadas y son inamovibles. Y esto tiene una consecuencia grave en el Partido, que es el conservadurismo: una epidemia izquierdista que nos ataca seriamente en los actuales momentos de cambios profundos en  la época.

Otras derivaciones pueden observarse también en las prácticas políticas del Partido, de las cuales cabe precisar una por su efecto dañino en este momento. Al aceptar la hipótesis de la “Verdad Absoluta”, el dogmatismo produce también un supuesto depositario de tal verdad, que por lo general no podrá ser otro que dirigentes superiores del Partido. Encontrados estos depositarios, el partidomasa deja de participar en la elaboración intelectual y construcción funcional partidaria, a veces hasta con sumisión pasiva, salvo en lo que respecta a la entrega de alguna información y ejecución del “ordeno”. Es obvio que así la estructura se verticaliza y se formalizan sus relaciones, ahogando la creatividad colectivaDel “centralismo democrático” se pasa inevitablemente al “centralismo burocrático”; y se pierde en particular el concepto leninista del partido rectificado permanentemente por la vigilancia del militante, o sea el partido de la “desconfianza organizada”, un rasgo que afecta actualmente con una gran parálisis la operatividad del Partido.

3. El artesanalismo.

El artesanalismo no es una filosofía sino una forma de abordar la acción, reflejando ésta la impronta de los vicios ya descritos del empirismo y el dogmatismo, en alto grado. Su práctica resulta de la cultura del trabajo artesanal pre-capitalista, cuyo rasgo fundamental es la actividad manual, de tecnología rudimentaria y la creación individual. Analizado desde estos vértices, la iniciativa individual al margen de la colectividad y el enfoque unilateral de la materia que trata, representan entonces dos factores concomitantes e indelebles.  

En relación al Partido, este vicio se manifiesta concretamente en los métodos de gestión y dirección, y estilos del militante. La falta de contacto directo con la masa social en conflicto para conocerla en la diversidad de sus contradicciones lo que pareciera ser más una actitud que un estilo, de conocimiento de la teoría y de una cultura de la planificación, se traducen en simple “esquematismo operativo”; pues sin estos ejes no es posible confrontar el problema real que expresa todo movimiento social y sus motivaciones, con la línea y concepciones partidarias de forma a ordenar correctamente la acción, respondiéndose entonces con un “esquema” en el método de gestión, generalmente rudimentario, y el “ordeno y mando” como estilo de dirección. Particularmente los organismos del Partido no trabajan contra objetivos, con planes tácticos en función de la necesidad estratégica, lo que significa que no hay rumbo, no hay criterio de evaluación, no hay control y por supuesto, no hay contraste entre presente y futuro. Todo esto alienta finalmente la improvisación y el individualismo como estilo, disuelve la dirección única e inhibe al final de la cadena la crítica partidaria, factores que alimentan en conjunto una desviación ideológica ya de por sí presente en el Partido: el subjetivismo.

El esquematismo operativo aparece también activamente en la tarea organizativa del Partido, al no producirse un plan de organización que desarrolle en la práctica el concepto estatutario de la estructura. Lo real es que no se ha podido alcanzar aún un orden estructural adecuado a la exigencia de articularse como totalidad sistémica, en su dimensión horizontal y vertical, de forma que dé vida al trabajo de equipo, a la división especializada y a la vez coordinada de trabajo, al flujo adecuado de información y al despliegue de la iniciativa horizontal colectiva, lo cual es de primordial importancia para toda operación táctica del Partido.   

4. El clandestinismo oportunista.

Este vicio es uno de los más persistentes en la conducta de la militancia del Partido. Se manifiesta en la conducta que asumen nuestros militantes de ocultar su identidad marxista-leninista y su pertenencia a la entidad del Partido del Pueblo, el Partido de los comunistas panameños. Los camaradas son en muchas ocasiones excelentes dirigentes de masas, respetados por su capacidad, su honestidad, su lealtad a las causas  populares, su patriotismo; pero todos estos valores que han forjado la personalidad del camarada, se deben a su militancia en el Partido. Al ocultar al Partido, se oculta también la labor revolucionaria del sujeto y se le niega a las masas la posibilidad de conocer su labor, su aporte al desarrollo de la nación panameña y de reconocer su autoridad.  Esta conducta en medio de la apertura política que se está desarrollando en el país, impide al Partido aprovechar todas las oportunidades que se nos abren en la coyuntura política actual y condena al Partido a su liquidación.

El vicio tiene causas externas, como lo son por un lado, el trabajo ideológico del enemigo a través de los medios de comunicación y de toda la institucionalidad del status quo, dirigido a evitar que las masas sean conducidas por los comunistas, y por el otro, el problema de la legalidad, que es la formalidad de la entidad frente a la sociedad. Estos son dos factores básicos que inciden adicionalmente al compromiso histórico y revolucionario de desafiar el orden capitalista existente. Porque una cosa es enfrentar a una sociedad ideológicamente hostil, cubierto por una entidad legalizada, y otra cosa es hacerlo bajo condiciones de ilegalidad, que empuja al militante a un comportamiento clandestino por sentirse vulnerable frente a las normas jurídicas vigentes.

En relación a las causas internas tiene un peso muy alto el bajo nivel ideo-político de nuestra militancia, deficiencia que impide la formación de una nueva cultura en el partido sustentada en el marxismo-leninismo, capaz de generar ese espíritu de cuerpo necesario, acorde con las tareas estratégicas y tácticas que se tienen por delante. Es pues un déficit de consecuencias nefastas en la conducta del militante. Su baja capacidad para orientarse con la ciencia analítica del materialismo dialéctico, le impide entender en el terreno práctico operativo las líneas políticas acordadas y lograr así convicción por su certeza. Esto se traduce en una falta de motivación adecuada para la acción, produciéndose en la cadena, pérdida de la voluntad y de la energía revolucionaria. Al final, el eslabonamiento total del fenómeno conduce al militante a la ausencia de creatividad, a la rutina, a la frustración, al inmovilismo en el terreno de la maniobra táctica, a rehuir el conflicto social y a buscar la “capilla” como sitio de confort y oración. Y la consecuencia es el ocultamiento del Partido y la renuncia a su papel de vanguardia política.

5. El elitismo.

El Partido, en sus 84 años de labor revolucionaria continua, haciendo uso de la ciencia del marxismo-leninismo, ha interpretado la realidad nacional, determinando cuál es su grado de desarrollo histórico como nación y calibrado en su justa medida cuál es el nivel de desarrollo de la conciencia revolucionaria del movimiento social panameño. Esto le ha permitido elaborar una teoría de la revolución panameña, recogida en distintos documentos y formular una estrategia para la coyuntura histórica, así como su táctica correspondiente. Todas estas formulaciones han sido confirmadas por la práctica revolucionaria. Sin embargo, tal riqueza teórica es de consumo y dominio de sólo un número reducido de miembros del partido; y más allá, es de un desconocimiento casi absoluto de las masas. En otras palabras, es una teoría que no permea hacia las masas, que pareciera discutirse de “yo con yo” en el espejo estrecho del militante.

Esta actitud, que se ha extendido cada vez más en el Partido, se origina en cierta “cultura del conformismo” que nos lleva a entender que, nuestra misión revolucionaria, está cumplida con el sólo hecho de orientar el movimiento social y no, de conducirlo. Resulta que para tal misión sería suficiente la vigencia de un pequeño grupo de “iluminados” que trasmita burocráticamente las buenas ideas revolucionarias, o emita asesorías al movimiento, sin ningún tipo de compromiso militante en el trabajo dentro del conflicto existente, de propaganda y agitación, con el fin de elevar la conciencia política y garantizar su conducción. Este vicio expresa de algún modo la poca importancia que se le está prestando al vínculo del Partido con las masas, al crecimiento en su seno; y es una negación de la propaganda como fundamento del militante e instrumento para elevar el nivel ideo-político de la masa. Todo ello nos lleva a castrar al movimiento social de la conciencia revolucionaria, a marginarlo de las ideas contenidas en nuestra estrategia, así como de las tareas tácticas que debe desarrollar para derrotar al enemigo.

6. El utopismo económico.

Otro de los vicios que confronta la militancia del Partido es el utopismo en su acción económica, caracterizado por la idealización del fin revolucionario como deseo, sin tomar en consideración la viabilidad y la factibilidad logística de la operación que se proyecta. Si entendemos la viabilidad como las condiciones objetivas favorables que rodean a la actividad del Partido y que están determinadas por las condiciones políticas y materiales que permite el medio para el logro de nuestros objetivos políticos, y la factibilidad como las condiciones del sujeto, su capacidad de actuar sobre el objeto en función de la necesidad y de sus intereses, tenemos que colegir que el escollo que enfrentamos en el terreno práctico, es el déficit de la base material correspondiente a la necesidad de la acción, producto de la omisión de estas consideraciones, lo que conduce a la idealización del fin revolucionario. Este vicio, que es parte de nuestra cultura primitiva, apareció claramente en los planes operativos tácticos electorales, en los cuales se plantearon tareas y actividades sin considerar la viabilidad y factibilidad real de la base logística en sus variables de decisión. Los resultados esperados hablan por sí solos.

Si se toma en consideración que la táctica es nuestra línea de acción dentro de la coyuntura, la logística es su apoyo material para garantizar su ejecución. En consecuencia, si el objetivo táctico es construir un Frente Único, destinado a forjar una nueva correlación de fuerzas que permita derrotar las fuerzas políticas sostenedoras del status quo, para lo cual hay que realizar un conjunto de actividades, los responsables de la ejecución de tales actividades deben planificar y programar sus acciones incorporando en la decisión política la logística necesaria, e identificar los déficit que se deben cubrir y las iniciativas correspondientes que deben proponerse para cubrir esos déficit. No hacer este ejercicio es una expresión de los métodos artesanales y de las formas concretas del primitivismo en nuestro estilo de trabajo, que consiste en quedarse en la formalidad de la decisión política.

7. La castración internacionalista.

El concepto del “internacionalismo proletario”, definido como la solidaridad entre el proletariado internacional y los pueblos del mundo en su lucha emancipadora, está contenido en los principios programáticos que, de Marx a Lenin, fundamentaron la necesidad de la organización del movimiento comunista internacional. Es en este marco que, históricamente, nuestro Partido ha tenido desde su fundación una identidad de acompañamiento del escenario internacional; y hemos vivenciado momentos cruciales de interacción solidaria.

Castración quiere decir que hubo algo y ahora no lo hay; y es que tuvimos un gran protagonismo y palpable experiencia en el dominio de la tarea internacional, con hitos del más alto nivel durante las negociaciones del tratado que liquida la franja colonial de la Zona del Canal, durante la lucha sandinista contra el somocismo en Nicaragua y otros. Es desde la post-invasión del ’89 que nos sumergimos a actuar sin la matriz del acontecer internacional, dejando de valorar su alta dimensión estratégica y táctica para la actividad partidaria. Esta actitud es para el Partido sencillamente grave, porque nuestras luchas, vista la posición estratégica del país en el ámbito global, así como los intereses geopolíticos que lo rodean, necesita forzosamente de la solidaridad internacional para alcanzar los fines de la revolución. Los movimientos de liberación nacional y por el socialismo son incuestionablemente partes inseparables de la correlación de fuerzas internas que potencian nuestras luchas; o en otras palabras, la coyuntura internacional es de manera constante un referente con incidencia directa en nuestro acontecer nacional.

Observando de cerca el trabajo internacional del momento, puede decirse que refleja muchos de los vicios anteriormente descritos del Partido; en particular están claramente presentes el empirismo como práctica, el artesanalismo como método y el primitivismo como estilo. Hay que implementar entonces correctivos urgentes, porque esta tarea es una exigencia impostergable del momento coyuntural que se vive; hay que romper el cascarón del aislamiento y abrazar la solidaridad de todo el movimiento progresista y revolucionario mundial, particularmente de los Partidos Comunistas y Obreros.

Conclusión.

Bajo estos planteamientos, el Pleno debe poner el dedo en la llaga de todos los faltantes de nuestra práctica; y hay que sanar con urgencia al Partido. Un Partido revolucionario se fortalece depurándose.  Esto supone entonces tres aspectos centrales que se deben abordar:

  • La renovación del Partido en su línea teórica, en su dirección y en su estructuración
  • El crecimiento y la organización del Partido entre las masas y desde éstas, no como simple espectador y orientador de su movimiento, sino como actor y líder, como conductor del mismo.
  • La puesta en práctica y con vigor de la crítica y la autocrítica en todos los niveles jerárquicos, dentro de las normas del ejercicio de la democracia interna y con base al respeto de la mayoría sobre la minoría.    

Dirección Ideológica
Partido del Pueblo
Panamá, 4 de julio de 2014


Mesa de Redacción de Orientación y Lucha Digital o Web Master