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¡Constituyente ya!

Por: Orientación y Lucha. 8 de junio del 2015.

Foto de archivo.Hace más de cuatro años nuestro Partido planteó la necesidad histórica de una constituyente que expresara la realidad social de nuestro pueblo, sin embargo advertía como  “de manera tentativa, veleidosa y ocasionalmente con disimulo, el ejecutivo se ha empeñado en ambientar su deseo de reformar la Constitución Nacional” situación que no cambiaba nada entonces ni cambia nada ahora.

El entorno colonial en el que nace la Constitución de 1972 queda superado, aun cuando no queda resuelto, con la firma del tratado Torrijos Carter.  La única forma de resolver el problema colonial es con una Constituyente con amplios poderes, soberana, participativa y ampliamente democrática.

Sin embargo los sectores oligárquicos toman la iniciativa de la reforma constitucional ya que tradicionalmente han utilizado la reforma como un “instrumento para ajustar el poder existente a los intereses de las fuerzas políticas dominantes” con lo cual hacen más viable el funcionamiento de su proyecto neoliberal.

El poder es el Estado vigente y efectivo basado en un orden jurídico concebido a imagen de esas fuerzas dominantes. En la experiencia política panameña, desde que se fundó la república en 1903, las fuerzas dominantes han emanado, en una forma u otra, directa o indirectamente de la oligarquía panameña, tutelada por el imperialismo yanqui.

¿Qué Estado queremos? “Si el Estado es el poder de la clase dominante, no hay que hacer un gran esfuerzo mental para apreciar que desde 1903, esa clase ha sido reelegida bajo diversas caras políticas, lo que equivale a una reelección de la misma clase. Hablar de política de Estado equivale hablar del Estado establecido por la oligarquía, el colonialismo canalero (hoy desaparecido) y el vigente neocolonialismo sustentado por el tratado de Neutralidad actualmente”.

“Si lo que se quiere es magnificar esa apelación a la "política de Estado", hay que aclarar también que se trata de servir a ese Estado oligárquico, tutelado por el neocolonialismo por encima de un partido dado del régimen, pero no por encima del régimen constituido por la clase dominante”.

La reforma por la aboga la oligarquía, “surge por la situación que tiene el viejo Estado, cuyo mecanismo obsoleto obstaculiza su gobernabilidad y sus propósitos de conducir la sociedad panameña por un rumbo autoritario más presidencialista que el que hay, por un aseguramiento del poder en manos de la reciente oligarquía financiera impelida a enfrentar la creciente beligerancia popular ante más de lo mismo y de proseguir su vocación contrarevolucionaria y contra-insurgente en América Latina”.

“El pueblo panameño no debe dejarse engañar con espejismos. Su experiencia de sufrimientos bajo el Estado oligárquico-imperialista pasa por más de la centuria y es hora que escriba y realice su propia historia. Para eso debe concebir un nuevo Estado que reemplace el viejo, integrando nuevas fuerzas de poder, basadas en el pluralismo participativo”.

“En lugar de más reformas al presente Estado momificado, lo que sería más de lo mismo, para peor, lo que corresponde es darle paso a un nuevo orden político, jurídico y social. Esto es posible por medio de una Asamblea Constituyente Soberana, realmente representativa del abanico de fuerzas sociales del país en la forma más directa posible”.

“Una Asamblea Constituyente Soberana donde el protagonismo popular esté unido lo más estrechamente posible con el poder deliberativo de esta colectividad, realmente democrática y progresista”.

La constituyente es un paso indispensable para la construcción de un estado de democracia nacional, participativo y soberano.

 

 

 

 

 

 

 


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