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Correoso: un ejemplo de consecuencia popular, anti oligárquico y antimperialista.

Por: Juan Carlos Mas C. 11 de junio del 2015.

Foto de archivo.En artículo anterior me dedique a un consecuente revolucionario, el General José María Melo, denostado por sus detractores como “dictador”, olvidando que en toda sociedad dividida en clases el ejercicio del poder se efectúa en forma dictatorial a favor de la clase hegemónica, aunque sea bajo formas cosméticas.

Iniciaré este abordaje sobre un personaje histórico relatando experiencias coloquiales que me incentivaron a dejar estas ideas por escrito. Cuando le exprese a un joven amigo mi percepción del carácter revolucionario sistemático de Correoso este me advirtió con alarma: Ojo, que su conducta  política no fue lineal con respecto a la panameñidad, por cuanto que atacó y venció al Gobernador Santiago de la Guardia que  había pretendido segregar operativamente  al Istmo -mediante el llamado Convenio de Colon- del combate en la guerra civil que se desarrollaba por entonces. Se tomaba en cuenta que hacer del Istmo parte del teatro de la guerra civil perjudicaba la operatividad del Ferrocarril y de sus dueños. Es decir el Istmo se desentendía de los reclamos por la modernización y justicia del Estado Federativo del cual formaba parte.

Empiezo por tanto afirmando al principio de este artículo lo que dije al final del precedente. La historiografía nacional panameña pretende ver en los diversos episodios secesionistas un continuum que trasciende los permanentes reclamos sociales de la población. Siempre habrá dos historias según la mirada de clases; y los héroes de una clase no son los de la otra.

La historia que conocemos del siglo XIX es presidida por las maniobras de las elites comerciales que buscaban más autonomía y libertad para sus negocios. Mariano Arosemena lo planteó claramente en 1821 en el marco de la independencia de España. Justo Arosemena lo proclamó en 1855 en su concepción y realización del Estado Federal. José Agustín Arango lo sintetizó en 1903 al surgir la República. Entender esa realidad y los movimientos sociales que la caracterizaban es una tarea urgente para poder emprender el camino que se nos abre en el siglo XXI.

La historia de Panamá, sin embargo, no se puede reducir a las manifestaciones de un grupo muy pequeño de comerciantes que han utilizado la posición geográfica privilegiada del Istmo para su beneficio. Una clave para esclarecer los acontecimientos del siglo XIX y su significado para nuestro futuro es precisamente el pensamiento y acción de Buenaventura Correoso. Fue un hombre comprometido con su tiempo y las alternativas que se les presentaban a los panameños. Se destacó en los campos de batalla enarbolando los ideales más radicales del liberalismo decimonónico. Al mismo tiempo, ocupó las posiciones políticas más importantes del Estado federal, incluso la Presidencia. Su presencia en el escenario político es muy larga. Su impactante vigencia es comparable a la de otros tres actores que dominaron la escena política panameña: Belisario Porras, Omar Torrijos y la insuperada permanencia del anónimo comando colectivo del Club Unión.

A diferencia de la historia mercantilista que prevalece sobre los acontecimientos del siglo XIX, Correoso reflejó las aspiraciones más sentidas del pueblo productor panameño

Buenaventura nació en la ciudad de Panamá el 14 de julio de 1831.Su padre, el español José de Los Santos Correoso, fue prócer de la independencia panameña de España en 1821 y también colaboró en el primer acto secesionista de Istmo de intención bolivariana, liderado por el General Espinar en 1830.

Su participación en la actividad política se inicia en 1855, cuando se declara el Estado Federal. Al año siguiente se produce el incidente de la Tajada de Sandía, enfrentamiento entre bandas de gambusinos-filibusteros y la población civil, con un saldo trágico de muertos y heridos. Era la manifestación más evidente de la actitud popular anti anexionista de la época. Correoso debió intervenir en calidad  de autoridad local, recibió disparos que no le impactaron y en su informe oficial mostró su reconocimiento solidario del carácter patriótico de aquella asonada patriótica de los istmeños.

Seis años después, el General Tomás Cipriano de Mosquera se levanta en armas; Correoso se une a los mosqueristas para combatir a los anexionistas istmeños y del centro, que demandan  la unión a los Estados Unidos.

Entre los cabecillas del anexionismo se encontraba el chiricano José de Obaldía. En ese momento Santiago de la Guardia, encargado del poder del Estado del Istmo, traslada el gobierno a Veraguas, en 1862. En el segundo párrafo (vide-supra) explicamos la intencionalidad de la prescindencia de De La Guardia con respecto al conflicto (inducida por los Estados Unidos). En consecuencia Correoso lo desconoce y proclama gobernador del Estado a Manuel María Díaz. Los mosqueristas, al mando del Coronel Gabriel Neira, al que se une Correoso, combaten contra Santiago de la Guardia y este es derrotado y muerto en el combate del  Río Chico de Natá (Capellanía).

Las agitaciones entre sectores de clases opuestos no terminan: El 5 de julio de 1868 el pueblo motivado por un fraude electoral perpetrado por los conservadores se reúne en Cabildo Abierto en la Plaza de Santa Ana, desplaza a las autoridades  y Correoso es designado provisionalmente como encargado del Estado de Panamá hasta el 30 de agosto de 1868, guardando el cargo para Fernando Ponce quién habría de asumir el cargo; este nombra a Correoso como General del Ejercito con la misión de debelar una nueva insurrección conservadora en la cual ya figuraba el nombre de Amador Guerrero.

En un nuevo periodo  de protagonismo militar entre 1869 y 1871 Correoso acude con tropas santaneras y entabla combates en Los Hatillos de Veraguas y en Los Santos. En el primero de los nombrados combates, Amador Guerrero es derrotado y preso. Al respecto circula una versión que se atribuye a Amador en la cual, rumiando su derrota, prometió que de ser gobernante algún día borraría de la historia el nombre de Correoso, propósito que realmente logró. Busque usted en los textos formativos de nuestro país y confirmará este aserto.

Ese mismo año, el Estado colombiano le hace un reconocimiento otorgándole el grado de General, por su participación en los campos de batalla. Este reconocimiento lo hace Fernando Ponce, presidente del Estado Soberano de Panamá. En aquellos tiempos revueltos en los cuales las expresiones de afiliación política no bastaban para definir los protagonismos de clases, castas o grupos sociales subsumidos tras las distintas banderas partidistas, nuevamente Buenaventura Correoso asume el mando provisional como Presidente del Estado de Panamá, desde agosto de 1871 hasta 1872. En ese tiempo, enfrenta una conspiración de los dolegueños, que contó con apoyo de extranjeros, específicamente de los Estados Unidos, a fin de apoderarse del gobierno, pero Buenaventura les enfrentó y les hizo capitular. El propósito era apoderarse del istmo; sin embargo, el gobierno central apoyó a Correoso y pudo con su “gente del arrabal santanero”, liquidar las pretensiones anexionistas.

Al final de este periodo, en su mensaje al Órgano Legislativo en 1872, afirma “Sólo la educación salvará a nuestros pueblos de la incultura.” De lo anterior se desprende la intencionalidad de escolarizar al país que imprimió a sus distintas gestiones. En consecuencia con esta visión de estadista en 1872 firmó y promulgó los primeros códigos nacionales. De estos años datan las relaciones de Buenaventura con el joven Belisario Porras, a quien conoció cuando aquel tenía apenas doce años. Correoso era amigo del padre de Porras y ayudó al joven para que estudiara la carrera de Derecho en Bogotá, con una beca del Estado. A su regreso, Porras jamás se desprendió del caudillo Correoso de quien era su asistente. Este le  introdujo al mando del Partido Liberal y la política.

En 1885 se produce el levantamiento armado de los liberales radicales Rafael Aizpuru, Pedro Prestán, Juan Mendoza y Buenaventura Correoso, contra el gobierno del Presidente Núñez quien había dado fin al “federalismo extremo” de la Constitución de Rio Negro  y proponiendo “regenerarlo” se pasó a un centralismo más extremo aun. En sus denuncias políticas  condenan la intervención militar estadounidense en Colón y Panamá. Producto de aquella  situación los estadounidenses levantaron todo tipo de críticas violentas para tratar de disminuir su ascendente popularidad, pero no lo lograron; como consecuencia los Generales Aizpuru y Correoso son arrestados y desposeídos de sus grados militares.

Para la época de la “Guerra de los Mil Días” ya estaba próximo a los 70 años lo que -teniendo en cuenta la situación general de salud y las expectativas de aquellos tiempos- se consideraba una edad avanzada, y en consecuencia ya no podía asumir con propiedad los riesgos de una campaña militar, pero le sucedía su brillante ahijado político Belisario Porras. Al finalizar esa contienda y fiel a sus  ideales auxilió al caudillo y General Victoriano Lorenzo cuando se encontraba en prisión. Lo que es un magnífico ejemplo de los relevos generacionales dentro de gente que portaba el mismo ideario político.

No podemos reseñar la vida de un titán sin mencionar a su inquebrantable compañera, Sara Abrahams, a quien conoció cuando trabajó en funciones  docentes en Portobelo y con quien contrajo matrimonio; ella se mantuvo al lado de nuestro héroe y en los últimos días  de esa larga relación le tocó organizar en su casa los novenarios tras la muerte de Victoriano Lorenzo.

El 28 de enero de 1904, junto a Sacrovir Mendoza, editó dos hojas volantes en la imprenta “El Lápiz”, donde expresa su protesta pública por la inclusión del artículo 136 en la Constitución Nacional, el cual autoriza al Ejercito de los Estados Unidos a intervenir en el país para garantizar la paz de la República de Panamá.

Después de la maldición de Amador Guerrero la figura de Correoso fue hundida en el olvido o en la mistificación. Muchos de nuestros primeros autores lo citan superficialmente sin aludir a sus posiciones profundas. En los nuevos enfoques con respecto a nuestro siglo XIX Olmedo Beluche destapa el sentido de clase inserto en ese menosprecio; también en la novelística  el autor Andrés Villa rescata los perfiles ciudadanos congruentes con su tiempo que ostentaba Buenaventura Correoso.  Nuestro héroe muere el 12 de Enero de 1911 y la República de Panamá debe masificar su reconocimiento, resucitarlo en los textos y en su legado trascendente para la construcción de ese alpinismo generacional del cual hablaba Omar. La Republica que tenemos  le debe monumentos en su doble condición de promotor de la educación y de militar patriota y anti-imperialista.


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