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2. ¿Cómo reproducimos la cultura del capital?


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Tomado de La voz del Sandidismo
La caja y la democracia estamentaria. 24/05/2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El General Melo: un bolivariano patriota e internacionalista.

Por: Juan Carlos Mas C. 11 de junio del 2015.

Foto de archivo.Quien quiera encontrar explicación en las páginas de la historia a sucesos y personajes, unos muy publicitados y otros siempre escondidos en páginas de lecturas, pasadas rápidamente como quien no quiere fijarse en los detalles, deberá recordar que la historia es producto del enfrentamiento de clases antagónicas en todas sus etapas: desde la época esclavista, pasando por el medioevo y los tiempos modernos. Siempre hay que escudriñar, tras los matices políticos y religiosos de cada momento, al protagonismo de los enfrentados en representación de cada clase.

Hemos hecho esta referencia de partida para entrar a entender porque se esconden las ejecutorias de un patriota de América como el General José María Melo a quien la historiografía panameña reiteradamente le menciona de soslayo marcándolo como “dictador”, como una semilla extraña y ajena al eterno alternarse de conservadores y liberales, en aquella Colombia de la cual también fuimos parte y aportamos al camino conjunto de una historia compartida antes de separarnos.

Nacido en Tolima y crecido en Ibagué, el pronto rechazo de la oligarquía a su protagonismo en parte estaba ligado a su ascendencia indígena de la etnia pijao. Su claro análisis lo llevó a alistarse tempranamente en las huestes de Bolívar, peleando en las batallas de Bomboná, Pichincha y Ayacucho recibiendo condecoraciones del Libertador. Menciono esto porque en aquellas gestas, en la cual el resultado del combate era la vida o la muerte, los patriotas se batían con denuedo en aquel momento puntual de sus vidas y merecían los reconocimientos pertinentes; pero la vida. que es un conjunto de facetas que dan valor final al diamante de la existencia, no solo es el momento de gloria sino la continuidad y la entrega sistemática a una causa y no el reposo y el premio después de un minuto de entrega. Esta situación que transformó a muchos héroes en sátrapas y traidores a sus pueblos no fue el caso de nuestro titán: José María Melo fue un patriota popular para toda la vida y ese que es su mérito también es la desgracia que lo expulsa de los libros de historia.

Cuando se desintegró la Gran Colombia pasó a Venezuela y se activó para tratar de impulsar desde ese país la reconstrucción del legado de Bolívar. En ese empeño recibió la fuerte oposición de comerciantes importadores  que no creían conveniente para los  nuevos países la imposición de aranceles para proteger la producción local. Tras  ese fracaso se dirigió en 1838 a Europa donde pudo vivir el  entusiasmo transformador que la naciente clase obrera  desplegó en los sucesos culminados en 1848 cuando ya Melo había regresado a Colombia. En aquel periodo conoció las tesis de Fourier, de Saint Simon y las agitaciones obreras cartistas en Inglaterra. Cuando regresó a Ibagué caso con la panameña Juliana Granados.

Su vuelta al teatro político lo llevó a participar de las Sociedades Democráticas, formadas por artesanos que defendían la protección de la producción nacional frente a la introducción libre de mercaderías extranjeras que los arruinaban; ellas también rechazaron el Tratado de Comercio y Navegación con Estados Unidos que abría el paso a la facultad de ese país para intervenir en Panamá. Algunos de los oligarcas (liberales-conservadores) en su frenesí librecambista aspiraban a que toda Colombia se incorporara a los Estados Unidos (pronto se verá como fueron trocando esta disposición a la entrega total por la entrega parcial de Panamá). También es importante señalar que las Sociedades Democráticas se oponían a los intentos de los librecambistas de abolir a los resguardos indígenas con el fin de incorporar ese grupo poblacional a la maquinaria del libre mercado.

En su debut político las Sociedades Democráticas  apoyaron la candidatura presidencial del general José Hilario López que en su programa inicial levantaba la abolición de la esclavitud. Al ganar, López propuso la supresión de la esclavitud y una reforma agraria que tenía como base el reconocimiento de la propiedad de la tierra solo al que la trabajaba, Una primera rebelión de la coalición de liberales y conservadores reaccionarios fue derrotada con el concurso del General Melo. Poco después  la conjura reaccionaria produce el desplazamiento de López (quien ya estaba declinando en sus ímpetus reformadores iniciales) y el ascenso del Vicepresidente Obando. Este, que ya había entrado en la historia como organizador de la conjura que llevó al asesinato de Sucre en Berruecos, se negó -consecuentemente con su pasado- a acceder a las demandas populares. En consecuencia las Sociedades Democráticas entregaron el poder a Melo. Este no pudo poner en marcha su programa popular porque su gobierno -de ocho meses de duración- se vio obligado a enfrentar la insurrección oligárquica de conservadores coaligados con los liberales, los que habiendo recibido suministros bélicos de parte de los Estados Unidos le declararon la guerra a Melo y a los artesanos-obreros de las Sociedades Democráticas. Al frente de la sublevación estaban dos panameños de filiación oligárquica: Tomás Herrera y José de Obaldía. Como es sabido  Herrera -declarado Presidente en Armas desconociendo al Presidente Melo- murió de un balazo recibido por un francotirador revolucionario resistente parapetado en las afueras de Bogotá, en consecuencia José de Obaldía asumió la presidencia.

Los vencidos fueron obligados a efectuar, en calidad de prisioneros, un viaje terrestre hasta Panamá hacia la prisión del Castillo de Chagres, del cual Melo logró sobrevivir gracias a su entrenamiento militar. Desde Panamá, Melo logró evadir el castigo y se fue hasta Nicaragua para enrolarse junto a los patriotas de ese país para enfrentar a la invasión de los filibusteros estadounidenses de William Walker. Una vez vencido el invasor yanqui, Melo logró ser contratado en El Salvador como instructor militar y de ahí pasó a México para enrolarse en la defensa del Gobierno patriota de Juárez. En 1860 cumpliendo una misión defensiva en la frontera con Guatemala  y -habiendo sido herido en una celada- fue capturado. En esa condición le fue dada la orden de fusilarlo sin juicio  (igual sucedió al Che Guevara 107   años después).  Su cadáver insepulto fue recogido por los paisanos indígenas de Chiapas que le dieron sepultura. Hoy en Chiapas hay una estatua en su honor.

Nosotros en Panamá tenemos una estatua a Tomás Herrera que, después de la conocida entrada en acción en  Ayacucho, deslustró aquella hazaña: primero participando en la conspiración magnicida contra Bolívar y después  sirviendo de liquidador de la única revolución auténticamente popular que se dio en el suelo de Colombia. El pecado de aquella revolución había sido dejar de lado el estéril bipartidismo y dar entrada a una clase proto-obrera en la historia de ese país. La participación de Herrera en los conatos separatistas istmeños  ha sido presentada como parte de un continuum  independentista. Esta posición pretende ver a los diversos pronunciamientos en ese sentido como una carrera de relevos que trasciende a las clases sociales en aras de forjar la nación panameña, cuando  en la realidad sus protagonistas tenían concepciones sociales contrapuestas. No había un concepto unívoco de nación.  Seguiremos con los próceres que no son y los que se han archivado exprofeso.


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