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Comunicado Ligia Arreaga.
La democracia de liberación nacional con justicia social es el rumbo. 20/12/2016
Panamá soberana
Después de 27 años. 20/12/2016
Foto de internetEl trauma y las secuelas psicológicas de la invasión de los Estados Unidos a Panamá. 20/12/2016
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El Empirismo versus El Materialismo Dialéctico e Histórico. 26/10/2016
Importaciones, exportaciones y otras imposiciones. 26/10/2016
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Confiabilidad en el debate de la Renovación Integral. 24/10/2016
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A un congreso legítimo. 19/10/2016
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Editorial: Sobre la renovación de nuestro partido. 19/10/2016
Hacia una patria realmente libre y democrática. Convocatoria a La Coordinadora General del 29 y 30 de octubre. 19/10/2016
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La democracia de liberación nacional con justicia social es el rumbo.

Por: Rubén D. Souza B. 20 de diciembre del 2016.Hacia una patria realmente libre y democrática.

Del 20 al 21 de diciembre de 1989 el genocida George W. Bush, padre, Presidente de los Estados Unidos de América en la ocasión, dio la orden de atacar la República de Panamá con felonía y usando armamento de última generación. Junto con esa orden incluyó la ocupación militar de todo nuestro territorio y la destrucción de las Fuerzas de Defensa Nacional, para privar al pueblo panameño de ejercer su derecho de la legítima defensa de su soberanía y su espacio territorial.

Para cubrir este crimen ante la opinión internacional, el gobierno imperialista lo justificó como una persecución al narcotráfico internacional y a uno de los “capos más importantes”, en la persona del General Noriega.

Lo que cubría esta cortina de humo imperial, independientemente de la conducta personal del General Noriega, era atajar el rumbo nacional-liberador que abrió el General Torrijos el 16 de diciembre de 1969, como continuación del levantamiento popular el 9 de enero de 1964, exigiendo la liberación de la franja territorial bajo ocupación colonial yanqui y la devolución a la nación de la propiedad del canal interoceánico.

Como se puede constatar por los hechos que siguieron, con la ocupación indujeron a sus lacayos panameños a organizar otro orden político anti-torrijista, bajo el rubro de civilismo. Y después de 26 años de existencia, se puede evidenciar, indiscutiblemente, el desastre nacional al que nos condujeron con la ayuda de sus lacayos del patio y de políticos y sectores civilistas, que ingenuamente creyeron en los cantos de sirena de los invasores imperialistas, quienes siguen en nuestro territorio, conspirando bajo el índice del actual embajador yanqui que descaradamente, actúa como procónsul o como al antiguo gobernador de la antigua colonia de la Zona del Canal.

Borrar toda esta historia trágica en el largo proceso de consolidación de la liberación de nuestra nación, con el intento de saldar este crimen genocida y colonizador con una indemnización que proyecta la comisión asignada por el actual gobierno, tienen el riesgo de resultar tan pecaminoso y rastrero como las acciones criminales y genocidas del gobierno norteamericano en 1989, contra los derechos inmanentes del Pueblo Panameño.

La lucha por nuestra plena Liberación Nacional aún no ha terminado. Seguimos bajo la férula yanqui, sólo que no es tan brutal y descarada como cuando eran dueños del canal y su franja interoceánica circundante, sino más confundible. Actualmente, bajo la forma neocolonial, siguen en Panamá, de manera sofisticada, para hacernos creer que somos libres, para desarmar a los patriotas panameños y rindan las banderas de la liberación nacional, facilitándoles a esos

esclavistas de los pueblos su papel de negreros contra nosotros, teniendo como instrumento el Tratado Neutralidad Permanente.

El general Torrijos advirtió, antes de morir, que a pesar de que habíamos logrado la liberación de la zona canalera seguíamos bajo el “paraguas del Pentágono”. Hoy, después de los 26 años de la agresión y ocupación militar de Panamá, por lógica del destino impuesto en nuestra sociedad se hace más urgente que nunca culminar nuestra liberación nacional con justicia social.

20 años de bilateralismo gubernamental Panameñismo‒Perredismo, impuesto, fracasaron y caímos en manos de un tercer poder, el Cambio Democrático, autócrata, mafioso y cínico que ha llevado a nuestra sociedad al perfil del derrumbe.

Hoy en este aniversario nos encontramos ante el dilema de optar por la salvación o el desastre nacional. Su contexto, siendo la crisis global de la humanidad, se convierte en un factor que los panameños no podemos evitar y que a lo panameño tenemos que elucidar, preparar las fuerzas contendientes y actuar. Todavía hay tiempo para que el camino de esa confrontación sea pacifica, pero no hay que olvidar que la violencia es la madre de los cambios, si se cierran los caminos de la razón, del consenso y la tolerancia.

Lo peor es olvidar lo que es imposible echar a la basura, como la propuesta, en el gobierno de Martinelli de borrar del programa de enseñanza de la historia de las relaciones de Panamá con EEUU. Ese intento felón significa castrar a nuestro pueblo y sobre todo a las nuevas generaciones, de la memoria de nuestro origen, de nuestro desarrollo nacional y de nuestro futuro. Seriamos un pueblo sonámbulo presa del cosmopolitismo.

Este aniversario más de la tragedia nacional que el carnicero Bush, Presidente de EEUU provocó, debe ser un eslabón necesario de los patriotas panameños por su real liberación y justicia social.

¡No queremos limosna, queremos justicia y liberación!...

 

 

 

 


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